
Muchas veces uno quisiera que el pasado fuese presente, como si el tiempo se convirtiese en una hamaca que nos lleva hacia lo mas alto, nos devuelve vertiginosamente atrás, para luego quedarse detenida abruptamente, y así pensar que determinadas circunstancias le ocurrieron a otra persona, o bien creer que todo fue un sueño difícil de olvidar.
Tomó una de las manijas, sus ojos reventaban de dolor, no quería llorar pero estaba por perder su partida, apretaba sus labios para aguantar, sus fuerzas estaban a punto de ser doblegadas por una lagrima suicida, parada en el filo del precipicio, allí donde comienzan las pestañas, pero pese a su esfuerzo sabia que en cualquier momento esta caería, porque era tan pesada como suelen ser los recuerdos en algunas personas.
Solo faltaban cien metros para depositar el cajón, por su cabeza comenzaron a proyectarse en forma secuencial imágenes de aquellas tardes lluviosas cuando tenía nueve años y se escapaba del colegio para meterse en el cine, imaginarse a los actores escondidos detrás de la pantalla que en cualquier momento aparecerían. Salir del cine y verla allí, ella que todo intuía, lo esperaba en la salida.
O aquella vez que juntos y desolados hicieron el mismo recorrido que hoy, cuando llevaron a su padre, aquel día que el mundo se detuvo, para comprender recién ahora que el mundo se detiene tantas veces…pero el tiempo no lo acata y todo sigue girando.
Tardes de mate cocido caliente, de miradas sin palabras, de tantas cosas que por no decirse ya se han dado por dichas…
Aquellas preguntas cuyas repuestas ya no serán, como aquel papel que se nos cae desde lo alto de un puente y tratamos de tomarlo desesperadamente con los ojos, así se marchaba ella.
Sus pies avanzaban lentamente, no tomó el cajón encabezando la marcha, él pretendía lo mismo que su alma, tirar para atrás, endureció más sus ojos, no quería darse por vencido, esa puta lágrima no podía ser más fuerte que él.
Finalmente el pozo se abrió para sus ojos, el cajón se hundía en ella o ella se hundía en él, la lágrima finalmente cayó, y chocó la majestuosidad de la tristeza contra la oscura madera, imperturbable.
Como era de prever se llevo una parte de él.
Esta claro que yo
un día de estos sea
una muda tierrita
un poco de basura
que no sea
pero como aceptar
que ellos mios
que su polvo de ellos
no la vez
que no la toque con un dedo suave
la roce con la punta de la lengua
que no sepa
no sepa
IDEA VILARIÑO
Foto del niño (Garrote)